ARQUITECTURA Y DISEÑO DEL ESPACIO PÚBLICO

para cerebros felices

Mayevi H. Galindo

Visualiza una ciudad donde hayas vivido un momento único, que se sintió especial y que al recordarlo te dibuja una sonrisa. Imagina esa situación y posteriormente concentra tu atención en lo que sentiste, deja que la memoria te lleve por las sensaciones que experimentaste esa vez. ¿Qué emociones te acompañaron? Enfoca tu atención en el escenario, trata de imaginarte allí y visualiza: ¿había árboles o luz natural? ¿Era un espacio abierto o cerrado? Si logras realizar este ejercicio, seguramente estabas en un lugar que te regaló sensaciones de calma, alegría o confort. Si se te hace difícil tener un recuerdo agradable, no te culpes, no todas las ciudades se diseñan para tener cerebros felices.

La imagen popular de una ciudad es aquella con edificios, calles, puentes, vehículos por todas partes, mucha gente, contaminación. La asociamos a legislación, política y un gran número de empresas. Sin embargo, las ciudades también son emoción, sensaciones, creatividad, movimiento, formas. ¿Lo habías pensado? No todas las ciudades son iguales y por suerte en la actualidad los expertos en diseño urbano y arquitectura han entendido que los lugares donde habitamos tienen influencia en nuestros cerebros. Sí, el entorno físico afecta a nuestro cerebro y por lo tanto, nuestra conducta.

El término del momento es “neuroarquitectura”, un concepto de psicología ambiental. ¿Qué significa? Es esta combinación de disciplinas que estudia cómo los espacios influyen en las emociones. Combina neurociencia, psicología, ingeniería social y diseño arquitectónico. ¿Cómo sacarle provecho? Te doy unos ejemplos:

Primero, presta atención a los sonidos ambientales. Si vives en una ciudad se te hace más familiar el ruido de los vehículos, por ejemplo. Si has visitado ciudades puedes tratar de evocar en tu mente los sonidos que más te llamaron la atención. Nuestro cerebro percibe el sonido a través del sentido de la audición y después lo procesa y lo clasifica. Algunos sonidos pueden interferir en nuestra concentración o en el sueño y otros ser más relajantes. Incluso algunos pasarán más desapercibidos. La neuroarquitectura propone incluir en el diseño formas de hacer que las estructuras en las que habitamos tengan mejor acústica para garantizar un mejor estado emocional y por lo tanto, mejor salud.

Segundo ejemplo, la iluminación. Se ha comprobado que al cerebro humano le gusta más la luz natural. El uso constante de pantallas, las luces artificiales a altas horas de la noche y su exposición diaria puede afectar incluso el sueño. Una ciudad se caracteriza por ser muy iluminada. Pensemos en grandes ciudades como New York o Las Vegas. Son ciudades que promueven la vida nocturna. Las luces son atractivas y se convierten en un paisaje que no queremos perdernos. Pero se ha comprobado que para mejorar el descanso conviene utilizar luces amarillas en casa, y hacer nuestro entorno más acogedor.

Un tercer ejemplo, y de los más importantes, es la relación de la ciudad con la naturaleza. Casi de forma instantánea colocamos ambas categorías aparte como si fuera inconcebible que estén juntas. Sin embargo, la vegetación de los parques, en las calles, en casas, ayudan a elevar la calidad del aire pero además aportan tranquilidad para los citadinos. Cuando hay viento puedes escuchar el sonido de este agitando las ramas de los árboles o si tienes suerte puedes escuchar a las aves que habitan en ellos. Puedes ver la diversidad de colores de las hojas y las flores. Son pequeños tesoros urbanos y está comprobado que además de cumplir una función biológica en el ecosistema también lo hace en nuestro sistema nervioso. El contacto con la naturaleza reduce la fatiga mental. Cada vez más médicos y psicólogos recomiendan “baños de bosque”, tener mascotas o plantas, salir a dar un paseo a un parque porque conocen los beneficios que tiene lo natural para los pacientes. Algo tan sencillo que tiene gran impacto en nuestras células nerviosas pero que ha sido históricamente infravalorado.

La neuroarquitectura plantea que el diseño urbano no se limita solo a lo estético o funcional para la movilidad, el comercio y la vivienda. Nuestros cerebros se están agotando de estar todo el día en contacto con tecnología, encerrados en nuestros trabajos o lugares de estudio, viviendo largas jornadas y en rutinas que se hacen cansadas. Nuestro cerebro tiene necesidades que no han sido cubiertas por la arquitectura, pero ahora se les está poniendo más atención, volviendo a diseñar para las personas, para los humanos, para nuestros cerebros y la clave está en diseñar para los sentidos con: olores, texturas, sonidos, colores, temperaturas.

Una ciudad puede ser un lugar muy caótico y nuestro cerebro necesita orden y estructura. La decoración con fractales de la naturaleza tiene ese efecto relajante que el cerebro necesita para funcionar eficazmente. Vivir o trabajar en espacios iluminados, donde haya corrientes de aire natural regulan al reloj biológico. Las formas curvas, como las esquinas redondas generan sensaciones de calma. Los espacios abiertos evitan la saturación mental. Todo lo que nos rodea, forma parte de nuestra experiencia sensorial.

¿Cómo te hace sentir la ciudad? Piénsalo cada vez que salgas en una ciudad y pregúntate qué te hace sentir cada estímulo que te rodea. ¿Qué te activa? ¿Qué te relaja? Ahora quiero invitarte a reflexionar si los espacios en los que te mueves están sujetos a las decisiones de otros o a las tuyas… La neuroarquitectura plantea que el cambio en los espacios no depende de un urbanista o de un arquitecto. Los espacios también pueden cambiarse por las personas que habitan en ellos: un grupo de vecinos que a diario limpia la acera frente a su casa, quienes gestionan para que remodelen los parques, quienes luchan por leyes de cuidado ambiental en las ciudades, los artistas que pintan murales en sus barrios.

La neuroarquitectura no se limita a las viviendas, puede aplicarse en escuelas, hospitales, centros comerciales. Para comenzar es importante centrar el diseño en las personas, en sus necesidades emocionales, físicas y sociales. Un gesto muy simple también puede hacer la diferencia. Todas las personas pueden tomar la arquitectura en sus manos y moldear sus ciudades para hacerlas espacios diseñados para sus sentidos, para mejorar tu relación con el espacio te recomiendo: aprovechar a luz del sol cada vez que puedas, regalarte espacio en la naturaleza, respetar el silencio, abrir las ventanas.

Si te interesa conquistar los espacios públicos con tus sentidos, no necesitas depender de alguien más que tome las decisiones sobre el diseño urbano. Puedes tomar decisiones pequeñas conscientes para cambiar tu calidad de vida a través de los sentidos y cuestionarte si estás sobreviviendo en la ciudad o si estás sacándole provecho para regalarle felicidad a tu cerebro.

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