Lo que ser fan me ha enseñado de la escritura
Michelle Arzú
La primera vez que vi la palabra fanfiction, no tenía idea de por dónde traducirla, mucho menos entender a qué le estaba dando clic en el sitio de mi serie favorita. A mis diecisiete años, con el inglés aún a medias, pero con todas las ganas de usar el internet justo antes de cambiar de milenio, le entré con todo al mundo literario de los fans.
Los fanfictions son trabajos de ficción de fanáticos (fan-fiction, en inglés) y los hay de cualquier cosa. De series, de películas, de libros, pero también de gente real como cantantes o celebridades. Hay literalmente millones de historias contadas por los fans, quienes ponen a sus protagonistas en situaciones que de otra manera no podrían existir.
Así que ahí estaba yo, súbitamente leyendo una historia de algo que había ocurrido antes de que empezara la serie, otra de lo que pasaría después. Por algún lado, una donde todo ocurría en un universo alterno. No podía parar de leer. Entre cada episodio semanal de mi serie, tenía cinco días en la universidad para entrar al laboratorio de cómputo y leer.
El mundo del fanfiction trae su propio vocabulario, y se rige por normas distintas de una obra original de literatura. Los autores del fanfiction juegan con personajes y universos predefinidos, publican un capítulo a la vez, y lo más común es que nunca terminen sus obras. Más allá de ello, está escrito en su gran mayoría por amateurs, por lo que la frase, “se lee como fanfiction” no es precisamente un cumplido.
A la mayoría de la comunidad literaria le parece una gran pérdida de tiempo, tanto del escritor como del lector. Sin la originalidad, es simplemente reducido a un plagio.
Lo que nos lleva a la otra gran línea roja que los separa de las novelas originales: no se pueden monetizar. Hay un área gris legal donde vive el fanfiction, donde los derechos de autor conviven con el fervor de los fanáticos. Mientras que no haya dinero perdido por los autores originales, legalmente hablando, no hay daños que recuperar. O así va la historia, por lo menos.
Ciertamente hay autores de gran fama como George R.R. Martin que se oponen acérrimamente con que alguien más juegue con sus personajes por cuestiones más allá que las monetarias.
Pero, estrictamente hablando, el fanfiction crea todo un universo desregulado donde yo puedo ver cincuenta versiones diferentes de cómo termina mi serie. En general, las compañías que tienen los derechos de autor están sumamente interesadas en que una obra tenga más fans, porque eso conlleva a más ganancias.
Yo, claro, leyendo fanfiction en la biblioteca justo antes de entrar a clase, no tenía ni la más mínima idea de todas estas batallas. A mí, lo que me hacía volver una y otra vez al sitio, era ver si ya habían publicado el siguiente capítulo o no.
No es de extrañar entonces que, para el segundo semestre de mi carrera, un poco temerosa pero ciertamente emocionada, abrí un documento en blanco y escribí mi primera fanfiction.
Era corta, tenía una docena de errores gramaticales, y seguía la puntuación en español. No tenía ni idea de que en inglés las reglas cambian, pero en el espíritu de “todos somos fans”, el sitio más grande de fans de mi serie la publicó.
Para ser honestos, seremos un porcentaje pequeño de cada fandom el que se dedique a buscar y leer fanfictions. El fan casual, que se aventure por curiosidad, verá casi un millón de fanfictions de Harry Potter, abrirá una que otra, y le dará un desmayo al ver tan poca calidad de producción.
Somos un porcentaje aún más pequeño los que escribimos para los universos que nos apasionan. Lo hacemos porque no queremos ver morir a nuestros fandoms, o queremos arreglar algo que nos molesta sobremanera de la historia. Nosotros nos expresamos con palabras de la misma forma que el fanático de deportes se pone la camisola, o el seguidor de k-pop va un concierto.
Mi primera reseña me dijo que moría por saber más. Que escribiera una secuela lo antes posible, porque ella no podía vivir con la duda.
Antes de publicar esa fanfiction y su secuela, yo ya había escrito cinco novelas cortas originales, las cuales fueron bien recibidas por mi mamá y mis amigos. Historias de novata, que en retrospectiva no tenían una trama muy coherente y piden que uno no cuestione muchas cosas.
Sin embargo, esa reseña de una extraña en el internet me hizo realmente querer escribir más. Escribir para ella, escribir para los demás, escribir para algo que verdaderamente me emocionaba.
En algún lado leí que para considerar que uno conoce el arte de escribir debe haber escrito un millón de palabras. Yo he escrito 800mil solo en fanfiction, y publicado casi medio millón en novelas originales. En el piso de edición y escritos que jamás verán la luz del día, ya superé los dos millones.
Mi camino como escritora no empezó con el fanfiction, pero ciertamente me sirvió de entrenamiento. Para un escritor novato, el escribir en mundos predefinidos es el equivalente a tener rueditas en la bicicleta. Ayuda a planificar la historia, a entender las motivaciones de los personajes, a simplemente comprender que el uso de la coma cambia una oración drásticamente.
A mí el fanfiction me enseñó de estructura. A escribir el final de cada capítulo con un “gancho” para que los lectores volvieran conmigo el otro mes cuando ya tuviera el siguiente capítulo listo. Como ya tenía escrito en piedra lo que estaba publicado, me enseñó a apegarme a la visión que había tenido desde un principio.
Aprendí a enfrentarme a la página en blanco, a finalizar las historias, y de la manera más gentil, a recibir críticas de mis lectores. No que no haya críticos malintencionados entre los fans, pero lo más común es dejar comentarios, capítulo a capítulo, de lo que está funcionando para uno de lector.
Ya quisiera recibir tanta buena atención con mis novelas originales.
En sí, a todos los que amamos la lectura, nos debería parecer interesante entender el valor del fanfiction en los escritores del futuro. Son tierras fértiles para cualquiera que quiera expresar su amor por los personajes con las letras, y que descubran ahí mismo el amor por contar historias en sí.
Seguro que, en un futuro no muy distante, de sus obras originales vendrán otros a escribir fanfictions, creando un círculo que, en vez de ser ridiculizado, debería ser celebrado por lo que es: gente contando historias para compartir.
De ahí saldrán nuestras nuevas series favoritas.
Y ahí estaré yo, leyendo fanfiction, y a lo mejor escribiendo un par también.