Su pase de abordaje por favor...
Esperemos un momento al Antílope. En cualquier instante zarpará del puerto de Bristol y, con las maletas en la mano, emprenderemos un viaje de un mes por distintos reinos. El capitán nos ha invitado a acompañarlo en sus travesías.
No siempre viajar requiere preparar las maletas, dirigirse a un aeropuerto o aguardar en la sala de espera de una terminal de autobuses.
Hay viajes que comienzan al abrir un libro, cuando las primeras palabras nos conducen hacia lugares que jamás hemos visitado. Otros nacen de nuestros sueños, de los anhelos que nos acompañan cada mañana o de esa imaginación que, incluso en medio de nuestras actividades cotidianas, encuentra la manera de llevarnos lejos.
Lo importante es viajar.
No importa si estamos atrapados en el tráfico de la semana. Una aventura puede comenzar así, sin saber adónde nos conducirá.
Viajar nos ofrece nuevas perspectivas y, en ocasiones, nos permite descubrir razones para comprender nuestra existencia. No necesitamos tener todas las respuestas, ni siquiera saber formular todas las preguntas. A veces basta con dejarnos llevar y permitir que la brisa y los vientos desconocidos del lugar al que llegaremos nos revelen aquello que no sabíamos que buscábamos.
El día puede ser igual en cualquier lugar del mundo, pero no lo son los caminos que recorremos.
Algunos nos conducen hacia nosotros mismos, por senderos de introspección. Otros nos llevan a buen puerto después de atravesar dificultades que parecían interminables. También existen aquellos que recorremos en compañía de nuestra imaginación, esa viajera incansable que desconoce las fronteras y encuentra en nuestra mente un universo infinito.
Están los viajes que celebramos por el simple hecho de haberlos vivido. Los que permanecen en la memoria, los que nos hicieron reír, los que compartimos con alguien y los que cambiaron nuestra manera de entender la vida. Porque lo vivido, lo aprendido y lo disfrutado nadie puede arrebatárnoslo.
Tampoco podemos dejar en el tintero aquellos viajes en los que la realidad supera nuestras expectativas. Descubrimos que el destino no era como lo habíamos imaginado, sin embargo, aquello que encontramos terminó siendo mucho más extraordinario.
Quizá esa sea una de las mayores virtudes de viajar: comprender que no siempre regresamos siendo los mismos que partimos.
Por eso, durante este mes, queremos invitarlos a viajar. No importa el destino, el medio de transporte ni la distancia. Tampoco si el recorrido existe en un mapa o solamente en nuestra imaginación.
Así que, sin más que decir, acompañemos al capitán. ¡El Antílope está a punto de zarpar! Quizá la ruta nos permita divisar las costas de Lilliput y, si los vientos nos acompañan en futuras travesías, contemplar algún día la extraordinaria ciudad flotante de Laputa.
Por ahora, basta con subir a bordo.
Aunque, pensándolo bien, quizá el viaje haya comenzado mucho antes de que llegáramos al puerto.