EL PODER DEL K-POP

K-pop y fandom: música que une corazones

Evelyn Arzú de Guise

Desde que recuerdo, la música siempre ha sido parte de mi vida diaria. Cuando era pequeña, escuchaba y bailaba la música de los Bee Gees con mi hermana mayor. Eran los años setenta, y la música disco andaba en su apogeo.

Crecí con la música de los años ochenta y noventa, tanto en inglés como en español, y durante muchos años fue mi favorita. Esa música trae recuerdos de juventud: fiestas, discotecas, reuniones y tantas experiencias que, al escuchar nuevamente aquellas canciones, parecen regresar. ¡Vaya, qué recuerdos!

Como todo, la música también va evolucionando. Durante una época trabajé de DJ y locutora para algunas radios online, experiencia que me permitió ampliar mi mundo musical, descubrir nuevos géneros y definir cuáles me gustaban y cuáles no.

Nunca imaginé que, a mi edad, fuera a incursionar en otro género musical como el K-pop, sobre todo porque es un idioma que desconozco. Pero ¿qué puedo decir? ¡Me atrapó!

Llegué a este género porque me gustó un actor coreano que vi en una serie. Investigando sobre él, descubrí que pertenecía a un grupo de K-pop llamado ASTRO. Empecé a investigar sobre el grupo, sus integrantes y su música, y poco a poco terminé convirtiéndome en fan.

La primera canción de ASTRO que escuché fue “ONE”, y considero que este tema representa el comienzo de mi experiencia con el grupo. Al ver el video y escuchar la canción, me sorprendió descubrir una energía y un sonido muy diferentes de la imagen que yo me había formado inicialmente del grupo.

Era una mezcla de voces, rap, ritmo y una coreografía muy marcada que me permitió apreciar que detrás del K-pop existe mucho trabajo artístico, disciplina y preparación.

Aunque no entendía coreano, la melodía, el ritmo y la interpretación me transmitieron algo antes de que supiera lo que decía la letra. Después busqué la traducción y descubrí que detrás de una canción que primero te atrae musical y visualmente también existe un mensaje.

Fue entonces cuando entendí algo que para mí representa muy bien el poder de la música: primero la música te llega; después buscas entenderla.

El K-pop nos ha traído melodías pegajosas y coreografías espectaculares que demuestran la increíble disciplina, preparación y trabajo en equipo que se requieren para formar estos grupos. Un claro ejemplo de su alcance global es BTS, uno de los grupos más conocidos mundialmente. Su impacto no se limita a la música, sino que también ha generado interés por Corea del Sur, su idioma y su cultura, convirtiéndose en uno de los grandes embajadores internacionales del K-pop.

Y es precisamente allí donde podemos comenzar a comprender el verdadero poder del K-pop: sus exponentes nos han enseñado que la música puede ser un puente entre culturas, un fenómeno global capaz de unir comunidades de fans que comparten sueños, emociones y experiencias, aunque vivan en países diferentes.

Tal vez una de las particularidades del K-pop sea que nos invita a ir más allá de la música. Cuando queremos comprender lo que dicen las canciones, terminamos descubriendo mensajes bonitos y reflexivos, palabras que no esperábamos y que, en ocasiones, parecen llegar justo cuando las necesitábamos. Pero el fenómeno no termina en los artistas. Detrás de cada grupo existe una comunidad que tiene un papel fundamental en su crecimiento: los fandoms.

Estos apoyan los lanzamientos, hacen streaming, votan en premiaciones, compran álbumes y mercancía, asisten a conciertos, comparten contenido y organizan proyectos. Gracias a estas acciones, los grupos pueden llegar a personas que quizá nunca los habrían descubierto.

Yo misma soy un ejemplo de cómo el K-pop y un fandom pueden transformar la experiencia de una persona que comenzó escuchando una canción. Después de descubrir a ASTRO, empecé a investigar más sobre ellos, me uní a grupos de fans, hice listas con sus canciones en Spotify, busqué videos en YouTube y poco a poco quise conocer más sobre el grupo y sus integrantes.

Su música ha significado para mí muchas cosas: interesarme por su cultura, querer conocer Corea, ver K-dramas y películas asiáticas, aprender algunas palabras en coreano y convertirme en una verdadera fan. Incluso comencé a coleccionar su mercancía, pósters, álbumes, photocards, ropa y todo lo relacionado con ellos.

Una de las razones por las que ASTRO me agrada tanto es porque, para mí, sus integrantes también han sido un ejemplo de que es posible perseguir sueños y metas. A través de su música, sus presentaciones y los mensajes que comparten con sus fans, los integrantes de ASTRO me han transmitido motivación y disciplina, además de enseñarme la importancia de seguir adelante.

Y es que el K-pop se ha convertido en un fenómeno global que no entiende de edades. Simplemente sientes la emoción, la alegría o la melancolía que transmite cada canción, ¡a pesar de que no entiendas nada! Para mí, eso demuestra que nunca es tarde para descubrir algo que nos haga ilusión.

Pero, así como la música puede unir, también puede dividir, sobre todo cuando hablamos de ellos. Este puede convertirse en una comunidad maravillosa donde personas de diferentes países encuentran algo en común, hacen amistades y comparten una misma pasión. Sin embargo, también puede volverse tóxico cuando algunos fans llevan la defensa de sus artistas al extremo y terminan enfrentándose con otros grupos de seguidores

En mi caso, aquella tarde en que escuché “ONE” por primera vez, no sabía nada de estos grupos. Me interesé tanto, me gustaron tanto sus canciones y conocí a tantas personas de diferentes países que también eran fans, que llegó un momento en que quise hacer algo más. Me cansé de esperar a que se publicara la información que buscaba, así que decidí crear un grupo de fans en Facebook.

Administrar también cambió mi manera de vivir un fandom. Ya no se trataba únicamente de buscar información para mí, sino de compartirla con otras personas, mantenerme pendiente de las actividades del grupo y crear un espacio donde otros fans pudieran sentirse parte de una comunidad.

Y ahí es cuando realmente comprendí el poder de uno. Cada acción, por pequeña que parezca, puede contribuir a que un artista continúe creciendo y llegue a más personas.

Pero quizás lo más importante que me ha dejado el K-pop no son las cosas que he comprado, sino todo lo que he vivido gracias a él. Me ha impulsado a salir de mi zona de confort, a aprender palabras en coreano y a acercarme a una cultura que antes prácticamente desconocía. También me ha inspirado a ser más constante y creativa al descubrir el trabajo y la disciplina que hay detrás de cada presentación.

Incluso escuchar sus canciones, ya sea en un momento difícil o alegre, puede cambiar mi estado de ánimo. Su música me da energía, me acompaña y, muchas veces, me devuelve la esperanza.

Creo que ahí está una de las claves del impacto del K-pop: no se queda únicamente en la música. Puede despertar curiosidad, motivar a aprender, crear vínculos y llevarnos a descubrir partes de nosotros mismos que quizá no sabíamos que estaban ahí. En mi caso, comenzó con una canción y terminó convirtiéndose en una experiencia que me abrió las puertas a un mundo que nunca imaginé conocer.

En fin, amo el K-pop. Y quizás esa sea la mejor demostración del verdadero poder de la música: no importa la edad, el idioma ni la distancia. Cuando una canción logra llegar al corazón, ya no necesita traducción.

Una Voz en el Bolsillo

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