NO PUEDES ESCUCHAR LA MISMA MÚSICA DOS VECES

La música cambia como un organismo vivo

Mayevi H. Galindo

“La música es un organismo que respira y vive en el instante mismo en que suena, solo allí la música es y escucharla en vivo nos permite vivir ese momento lleno de expectativas”. La frase del director chileno-italiano Paolo Bortolameolli sintetiza una realidad a menudo olvidada: la música no es un objeto estático, sino un acontecimiento único e irrepetible, aunque intangible.

¿Te ha sucedido que, aunque ya has escuchado una canción, cuando la vuelves a escuchar te das cuenta de un detalle antes imperceptible? Tal vez la segunda vez te fijas más en la melodía, en los instrumentos de fondo, o tu atención es captada por un elemento sutil que le da otro sentido a lo que oyes. Así cada vez que “repites”, la experiencia es distinta.

La música no se mantiene estática. Las canciones no suenan igual en vivo que en una grabación. Los músicos le dan un matiz diferente; ellos mismos la sienten diferente porque sus emociones, al momento de tocar son otras. Incluso tú al escucharla eres otra persona y eso es lo que hace que la música esté viva y se desarrolle. No puedes escuchar la misma canción exactamente dos veces de la misma forma.

Como sugería Heráclito de Éfeso, el filósofo griego, todo el universo fluye sin cesar. Cuando suena una melodía, ya es otra, así como quien la escucha ya es otra persona. Tienes otras experiencias, otros aprendizajes, otros gustos, otro nivel de madurez, otras expectativas.

Si hablamos de expectativas, creo que en las culturas occidentales las nuestras están muy por debajo de todo lo que nos puede ofrecer la música en realidad. Reflexionemos sobre todas las posibilidades que tiene la música y en las que no hemos pensado siquiera. Estamos tan acostumbrados a pensar en la música a gran escala: discos, conciertos, sencillos en la radio; que se nos olvida que en la naturaleza y en las culturas más antiguas la música es un lenguaje del día a día.

La música como la conocemos data de la prehistoria, pero considero que para que el ser humano comenzara a imitar los sonidos de la naturaleza tuvo que existir previamente una consciencia que detectara esos sonidos. Por lo tanto, una consciencia que lo produjera en sí mismo. Tal como hoy en día se concibe, que la música puede existir en cada átomo vivo si quieres. Pero si el sonido es tan imperceptible para nosotros, nos estamos perdiendo de explorar una manifestación de vida inmaterial totalmente sutil.

Porque sí, rescatando lo que dice Bortolameolli la música es un ser vivo inmaterial y etéreo, cambiante como diría Heráclito. La música es tan poco perceptible a veces como es el ritmo al que late el corazón de una ballena o las ondas sonoras de los hongos y la flora. Frente a esta manifestación, la humanidad se divide en dos posturas: por un lado, están quienes entienden la música como algo sagrado y colectivo: como si la música hubiera estado presente desde el inicio de la existencia y la hacen parte de su cultura, de su día a día y la enriquecen y la dejan desarrollarse en sus vidas. Es una fuerza que enriquece y a la que se le presta verdadera atención. Por el otro, están quienes para la música es decoración que no importa si lleva existiendo desde el inicio del universo, los trae sin cuidado. La consumen como mero ruido de fondo, una distracción desechable, es un éter sin presencia, ondas sonoras inmateriales y tan desechable como para escuchar una canción tras otra sin detenerse en los detalles. Para los primeros la música es un diálogo vital; para los segundos, la música está para nuestros propios fines y es un recurso diseñado únicamente para el consumo, no un ser vivo con el cual compartir nuestras vidas.

Si la música es energía, ¿de qué se alimenta? La música es tan diversa como pueden ser sus intérpretes o sus oyentes, como pueden ser sus instrumentos. La música se desarrolla por la conexión social. Une a lar personas en grupos y es característica de todas las culturas. Por lo mismo, la música también se adapta a los lugares y a las épocas. No es lo mismo haber escuchado a grandes artistas de los años ochenta en la época que desarrollaron su obra, con un panorama sociocultural muy distinto al actual. Si el sentir es diferente, su interpretación lo es.

La música ejerce influencia en la cultura. Por eso, forma parte de la identidad cultural y social de una época, refleja los valores, las tendencias y los retos por los que atraviesa la sociedad. Incluso es un medio para abordar cuestiones sociales y políticas. Puede transmitir mensajes de conciencia social, promover la igualdad, la justicia y el cambio.

La música es una fuerza que crea conexión entre generaciones. Con ella se pueden compartir experiencias y recuerdos a lo largo del tiempo. Es un reflejo de la historia de la humanidad. Su constante innovación y evolución va de la mano con los cambios de la sociedad. Por eso no es algo estático, que una vez se crea existe de una única manera. Se adapta, como un organismo, a las necesidades del medio y a las diferentes preferencias del ecosistema en el que se encuentra.

La música es un ejemplo de la facilidad con la que podemos perder la capacidad de asombro al convertirnos en consumidores de la música sin apreciación de todo lo que implica su existencia. Si nos limitamos a escuchar una melodía tras otra, una canción tras otra, ¿cómo vamos a percibir el cambio que la música tiene no solo en sí misma sino en nuestro interior? ¿Cómo podemos detectar que nosotros mismos percibimos música distinta dependiendo de nuestro estado de ánimo o momento vital? Necesitamos de las expectativas sobre la música para darnos cuentas si esta las cumple o no y qué efecto tiene eso en nuestras mentes.

Podemos cambiar nuestra relación con la música si empezamos a verla como ese organismo vivo en el planeta, fruto de nuestra creación. Vivimos en un planeta que nos dio las condiciones no solo para existir sino para descubrir y convivir con algo que va más allá de lo palpable y visible. La música no ocupa espacio en sí, pero está presente.

Cada instante es irrepetible. Por eso, te invito a que la próxima vez que escuches un sonido, lo contemples no solo con los oídos sino con todo tu ser y notes cómo te conviertes en una persona distinta después de percibir ese sonido. Respira y escucha. Preta atención a tu entorno y encuentra la música escondida. Llévala a tu interior. Vive ese momento al máximo, no habrá otra oportunidad de vivirlo otra vez. ¿Superó tus expectativas?

Una Voz en el Bolsillo

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