Cuando la realidad asusta más que la ficción
Mayevi H. Galindo
Cuando mencionan: “terror” no viene a mi mente lo que las personas suelen asociar con el terror. Sí, siento miedo. Pero no siento un miedo irracional a lo desconocido. Jamás tengo miedo de seres sobrenaturales como los fantasmas. No porque piense que no existan, sino porque aprendí que no pueden hacerme daño. Sin embargo, mi esquema de supervivencia personal asume que el terror sobreviene cuando el miedo supera a lo que mi cerebro puede procesar. Es allí cuando ya no puedo encontrar coherencia. En lo personal, me aterra algo mucho más concreto, cercano y personal pero profundamente incoherente: el ser humano.
Sé que probablemente te sorprenda o te desilusione saber que mi mayor miedo me lo provoca mí misma especie. Es porque confío que si existen otros seres con razonamiento —sea en ese planeta o en otro, aquí o en otros planos— no son capaces de infringir el daño del que sí puede ser capaz la humanidad.
Resulta que como “buena ejemplar de mi especie” soy contradictoria. Vivo rodeada de seres humanos y no vivo con miedo. Pero de un momento a otro una sola noticia puede desencadenarme un miedo intenso que me paraliza, me enoja o me hace querer luchar. Pero a veces, solo deseo escapar. No puedo escapar de este mundo, no hay otro al que pueda ir.
¿Qué es lo que me causa en sí tanto terror? El terror es conocido como un miedo muy intenso. Busca causar angustia. Puede ser que no te parezca nada terrorífico lo que para mí sí es, porque el ser humano tal cual no está activamente buscando causarme espanto. Pero sí tiene todas las capacidades de hacerme entrar en pánico y aterrarme. Me gustaría mencionar una de sus características habituales que provocan que eso me ocurra: su irracionalidad.
Eso es, nos hacemos llamar la especie más inteligente del planeta pero yo cada vez veo menos evidencia de eso. Estamos viviendo un año de calor intenso en el que el planeta está a punto de superar los picos históricos de calor. Estamos viviendo un fenómeno de Súper Niño en la región central y oriental del océano Pacífico ecuatorial. El agua está escaseando en Guatemala. Todo este escenario me hace sentir por completo en una película de terror, una donde el enemigo es el propio humano causando su autodestrucción.
Los científicos han comprobado que la causa principal del cambio climático actual es la actividad humana. No quiero ponerme a enumerar las acciones que nos han llevado a esta situación pero sí quiero enfatizar en que somos el único ser vivo del planeta que puede hacer algo al respecto para mejorar esto. Pero, en general, nuestros líderes políticos están demasiado ocupados creando conflictos bélicos, distracciones, campañas y otros circos. Mientras empresas multinacionales están absorbiendo hasta la última gota del planeta y existen poblaciones de personas a las que no llega el agua potable.
Los aspectos más aterradores de la crisis climática, agravada por los humanos, son:
Primero, los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más extremos. Estamos viviendo sequías severas, olas de calor en aumento, incendios forestales incontrolables, huracanes uno tras otro, fuertes lluvias e inundaciones. Se prevé que estos se hagan más intensos, frecuentes y duraderos. Esto tiene consecuencias en la salud y en el desarrollo humano. Pueden generarse desde golpes de calor hasta pérdida de alimentos al no tener estabilidad en el cultivo y también se ven afectados ecosistemas.
Segundo, los cambios irreversibles en las condiciones climáticas, los “puntos de inflexión”. Se conocen así porque son umbrales críticos, más allá de los cuales un pequeño cambio puede alterar drásticamente el estado del sistema. Un ejemplo de esto es el deshielo del Ártico, que puede provocar un aumento del nivel del mar de hasta 6 metros.
De la mano con el punto anterior, las comunidades costeras se enfrentan al inminente aumento del nivel del mar. Ya existen poblaciones que están siendo reubicadas porque sus hogares están quedando hundidos. Un nivel del mar más elevado está relacionado con el aumento de inundaciones y daños asociados.
Otro conocido ejemplo de punto de inflexión crítico es la salud de los arrecifes de coral cuyo deterioro causa un colapso en el ecosistema marino.
Por si no es suficiente esta historia de terror no termina aquí. Las temperaturas globales equivalentes a dos grados Celsius por encima de los niveles preindustriales son un ultimátum real, nos acercamos a un mundo más amenazante, costoso, hostil y peligroso.
Tal como si viviéramos en una distopía, los líderes políticos vinculados a sectores conservadores (Trump, Bolsonaro, Milei, Abascal) niegan el cambio climático. Sus acciones pasan de solo negarlo sino realmente están actuando en contra del bien común al intentar socavar o revertir políticas que abordan el cambio climático. Países como Estados Unidos buscan seguir explotando recursos naturales sin consecuencias, justificándose en que no existe tal cosa como un daño ambiental. También están realizando persecuciones y criminalización de activistas y defensores de la Tierra.
El ser humano ha perdido su conexión con la naturaleza. Todos los seres dependemos de todos pero hemos aprendido que el ser humano solo se necesita a sí mismo y que incluso está por encima del resto. Esa forma de pensar sí me asusta y me causa mucho enojo.
Tengo miedo porque esto solo está empeorando. El Niño amenaza con dejar a 16 millones de personas más en inseguridad alimentaria en América Latina, advirtió la ONU. Las personas más vulnerables, las que menos responsabilidad tienen en todo esto, empiezan a sufrir las consecuencias de las sequías. En agosto del 2026, más de un centenar de comunidades hondureñas fueron declaradas en alerta roja por las pérdidas parciales y totales de cultivos de granos como maíz y frijoles, básicos en la alimentación del país centroamericano. Guatemala, mi país, no se queda atrás.
Las sequías prolongadas se consolidan hoy como uno de los desafíos más críticos en múltiples regiones del planeta.
Lo sabemos, lo sentimos a diario. El calor aumenta, no vemos lluvias y si buscamos solo un poco podemos encontrar noticias relacionadas al cambio climático. Pero ¿todo esto qué tiene que ver con las acciones de la humanidad? Todo. Mientras las personas siguen apoyando a empresas que contaminan, que se adueñan del agua, que la consideran un recurso para explotar y que ni siquiera reconocen el acceso al agua como un derecho, la están convirtiendo —forzosamente— en un lujo.
Marcas cotidianas a las que estamos tan acostumbrados y a las que no queremos buscar reemplazo, abusando de tecnologías como la inteligencia artificial: solo el entrenamiento de un modelo de lenguaje grande puede consumir hasta 700,000 litros de agua según una investigación titulada: “El impacto hídrico de la inteligencia artificial generativa” publicado por TSE’DE Revista de Investigación Científica, 2025.
Mientras tanto, no aprendemos a dejar de consumir sin límites, sin reflexión, en un mundo donde todavía existen países sin leyes ni políticas que protejan el agua, o estas son exiguas para proteger los cuerpos de agua. Por ejemplo, en Guatemala no hay regulación de plantas de tratamiento, manejo de desechos y es insuficiente la promoción de conciencia mundial.
Me da miedo que existan grandes industrias responsables en gran medida de la escasez de agua. La crisis climática tiene nombres y apellidos.
Algunos teóricos han argumentado que no es la idea de la muerte y la inexistencia lo que inquieta a las personas sino el hecho de que la incertidumbre está involucrada. A mí lo que me causa incertidumbre es el tiempo. ¿Cuánto tiempo tenemos? ¿Cuánto nos queda? Me aterra el paso acelerado con el que estamos terminando con todo. Me da miedo que pronto nos toque a nosotros, me da miedo eso, los incendios, el hambre y que nadie tome acción. Me da miedo que se sequen los cuerpos hídricos. Me da miedo ser parte de esto porque, si bien consumo agua cada día, busco hacer un consumo responsable y no abusar de los recursos que la necesitan o necesitaron para existir: ropa, tecnología, electricidad, etc. Pero me da demasiado miedo la incertidumbre de que no se resuelva nada y de que lo que yo hago no sea suficiente. Por eso me da terror este mundo y me aterra morir de sed.